El 11 de agosto de 1967, la FEUC se toma la casa central de la UC: uno de los hitos que da inicio al proceso conocido como Reforma Universitaria. Este movimiento se expandió radicalmente durante los siguientes años al resto de las universidades, provocando profundos cambios en la estructura universitaria.
Si bien el golpe de estado en septiembre del 73, y la posterior intervención manu militari de las universidades, intentó desvirtuar el proceso de reforma, gran parte de las transformaciones impulsadas prevalecieron. Masificar la matrícula de educación superior, flexibilizar la malla curricular, departamentalizar las facultades y profesionalizar la planta académica fueron algunas de las banderas de lucha del ayer y que hoy son realidad en la mayoría de las universidades.
Una de las principales demandas de los universitarios, de ese entonces, era una mayor vinculación de la universidad con el mundo popular. Se tildaba a la universidad de ser una “torre de marfil”, ajena a la realidad nacional y las necesidades del pueblo. Se crea, entonces, la función de “extensión universitaria” con el fin de “extender” el quehacer universitario a la sociedad, lo que principalmente se tradujo en la construcción de infraestructura para la oferta de servicios culturales de diversa índole.
Sin embargo, las universidades parecen haber equivocado el camino, al estructurar orgánicamente la extensión como algo separado de sus tradicionales funciones de docencia, investigación y gestión. Lamentablemente, la docencia impartida sigue desvinculada de la realidad nacional, mientras que la investigación se concentra principalmente en generar conocimiento funcional al mundo desarrollado. Para qué hablar de la gestión universitaria, que combina la burocracia y el centralismo del aparato estatal, con la precariedad laboral y falta de conciencia ecológica del mundo empresarial.
¿Cuál es la deuda de la extensión universitaria actual? El mundo popular no reconoce a la universidad en las inmediaciones de un teatro, un planetario, o una clínica universitaria. ¿Cuantos matrimonios se han celebrado en sus fastuosos salones de eventos? ¿Cuántos enfermos han sido rechazados de sus clínicas por no poder pagar? ¿Cuál es el aporte diferenciador de los medios de comunicación universitarios? La lógica del glamour, del mercado y del people meter parece haberle ganado a los objetivos iniciales planteados para la extensión universitaria.
En medio de este árido panorama, florece el voluntariado universitario. Junto a los trabajos y misiones, convive un extenso abanico de iniciativas: Reforzamiento escolar y preuniversitarios de bajo costo, créditos para micro emprendedores, cursos de oficio para trabajadores, desayunos para ancianos en situación de calle, son sólo algunos ejemplos de las actividades que realizan diversas organizaciones sociales.
¿Dónde debiera convivir la universidad con la sociedad? ¿En un teatro o en una cárcel? ¿En un planetario o en un campamento? Mientras las universidades no reconozcan el voluntariado como una extensión de su labor docente, los proyectos sociales seguirán siendo protagonizados por una minoría de estudiantes, con un financiamiento insuficiente y con una permanencia en el tiempo incierta.
A más de 40 años de iniciada la Reforma Universitaria, se mantiene la necesidad de hacer de la universidad, una organización al servicio de los más necesitados. El estudiante universitario tiene una responsabilidad irrenunciable de transformación social, y una oportunidad inmejorable de asumirla cargando las banderas de la Reforma Voluntaria.
Texto escrito por Vladimir Glasinovic, Jefe de escuela de Trabajos el año 2004
miércoles, 29 de abril de 2009
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