Si estás agotado y te cuestionas el hecho de estar en el equipo de Trabajos o si aún no sabes si ir en invierno...Lo escrito por Vivi Farías, Jefa de escuela Purén 2004, puede ayudarte.
"Empecé a participar de los trabajos de invierno en abril del año 2002. Una serie de asuntos personales provocaron que dejara de lado mis críticas a lo que consideraba una solución parche y me dije, por qué no, probemos.
Lo que partió como un pasatiempo, terminó transformándose en eje fundamental de mi vida universitaria. Comencé de a poco, prometí que ayudaría, pero no podría ir en invierno porque debía volver a mi casa en provincia. Comencé a buscar donaciones y, una vez que comenzaron a llegar, no pude resistirme a ir y ver el resultado de tanto trabajo.
Definitivamente me gustaba buscar la plata. Siempre esperaba llegar al CAI y que la Chica me dijera: “llegó una donación”. Lamentablemente mi pasión no generaba satisfacciones muy seguido. Podían pasar días sin saber de donaciones, sólo me mantenía con ánimo el hecho de que la próxima llamada a un Gerente podía ser LA premiada.
Llegó el invierno y partimos al sur. En mi caso, Purén. Fueron 10 días en donde dormí menos, me mojé hasta el cuello y pasé hambre y frío. Cuando volví a Santiago, la cama estaba calentita, la leche y el pan estaban en la mesa y simplemente no tenía que preocuparme de nada. Aún así, yo sólo quería que llegara el siguiente año y organizar Trabajos de nuevo.
¿Por qué? ¿Qué había de bueno en dormir menos? ¿Qué había de bueno en pasar frío? Nada, me dirán ustedes. Y es verdad, definitivamente no hay nada de bueno. ¿Por qué debería ser bueno si vamos a construir un techo a personas que no tienen techo? Nadie de los que organizaban los Trabajos pretendía que los voluntarios volvieran con una sonrisa, ni con una gran cantidad de amigos, ni identificándose con la Universidad. Eso venía por añadidura, pero no era nuestro objetivo.
Nuestra única pequeña gran pretensión era empaparnos y ponernos en el lugar del otro. Darnos cuenta de lo pequeños que éramos, de lo poco que valía un título o un diplomado a la hora de usar un martillo, de involucrarse un poco más con la familia o de mantener una actitud de servicio día tras día. ¡No sólo queríamos empaparnos, queríamos que el sentimiento de impotencia por la pobreza y la injusticia nos calara hasta los huesos! Si ese sentimiento provocaba en otros las mismas ganas de trabajar que producía en mí, valía la pena llegar tarde a la casa por estar armando la mediagua del patio de Ingeniería, valía la pena quedarse hasta tarde enviando cartas para solicitar donaciones, valía la pena catastrar con lluvia en las comunas a las que iríamos y valía la pena pasar frío y hambre mientras construíamos.
Después de trabajos no creo ser mejor persona, no creo haber ayudado a superar la pobreza, no creo haber hecho un Chile más digno y, definitivamente, no creo haber hecho justicia. ¿Es una mediagua el símbolo de la justicia? ¿Es la caridad un síntoma de justicia? No, no lo es. Es sólo el primer paso, pero el paso más importante. El paso que indica que quieren comenzar a luchar contra la pobreza. El paso que espero muchos de ustedes se atrevan a dar este invierno."
domingo, 17 de mayo de 2009
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